#signinum

BAELO CLAUDIA (II).LA CIUDAD BAJA.

Continuamos con la visita a Baelo Claudia, esta vez tal y como adelantamos en el último post, salimos al exterior. Como hay mucho que contar vamos a dividir la ciudad (la parte ya excavada) en dos partes y dedicaremos un post para cada una, completando así esta pequeña trilogía. En este post hablaremos sobre aquella parte de la ciudad comprendida entre el mar y el decumano máximo. Esta zona recoge lo que podríamos denominar como parte “industrial” de la urbe, caracterizada por dos elementos principales, el puerto y la factoría de salazón.

Muralla_exterior

Parte de la muralla este de Baelo Claudia.

Del puerto no se conserva, al menos a la vista, ninguna estructura. Posiblemente esto es debido a que los muelles desde donde partían y llegaban los barcos estaban hechos de madera, material que necesita unas condiciones muy favorables para su conservación. A pesar de todo esto sabemos que el puerto era una parte fundamental de la ciudad. A través de él llegaba la pesca, principal actividad de la ciudad y a la que debía en gran parte su riqueza tras ser transformada en salazones y salsa “garum”. Por otra parte, el puerto de Baelo Claudia poseía la singularidad de ser el más cercano a África, donde también existían numerosas ciudades fundadas por los romanos, entre ellas la ciudad de “Tingis” (actual Tánger), capital de la provincia  “Mauritania Tingitana”,  con la que Baelo debió mantener un tráfico intenso a través del Estrecho de Gibraltar tanto de mercancías como de personas.

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Principales vías y ciudades romanas del Estrecho de Gibraltar.

Al contrario que ocurre con el puerto, la factoría de salazón está muy bien conservada. Se trata de un barrio entero en el que se mezclan casas (como la denominada “casa del reloj de sol”) con depósitos o piletas  de diverso tamaño para la salazón y fabricación del “garum”, denominadas “ceteriae”.

Casa_reloj

“Casa del reloj de sol”

Alrededor de las piletas  se  añadieron una serie de dependencias anejas, las cuales debieron funcionar a modo de almacén o bien como espacios de transformación. Todo esto nos habla de la complejidad creciente que se desarrolló en base a productos con un alto grado de comercialización.  Los romanos llamaban a estas unidades de producción “officinae”. Estas “officinae” eran explotadas utilizando mano de obra esclava, aunque existen algunos testimonios de la presencia de libertos como propietarios. Así lo atestigua una tessera de plomo unida a una ánfora bajoimperial africana con la inscripción “ex oficina libertorum” que podemos traducir aproximadamente como “perteneciente a la factoría de los libertos”.

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“Grandes conserveras”

En Baelo Claudia los arqueólogos han diferenciado estas piletas o depósitos en dos conjuntos en función de su tamaño, así tenemos las denominadas “pequeñas conserveras” y las “grandes conserveras“. Estas estructuras presentan dos formas; circular y cuadrangular, todas construidas a base de mortero de cal y piedra y  revocadas en su interior por sucesivas capas de “signinum” para evitar las filtraciones. En ellas se depositaban capas de pedazos de pescado alternándose con otras de sal a partes iguales. Todo el conjunto se dejaba expuesto al sol durante unos veinte días en el caso de las salazones. Sin embargo, para las salsas  se buscaba la fermentación del pescado (principalmente caballas, sardinas y anguilas),  por lo que la exposición duraba entre dos y tres meses, utilizando además  otra serie de productos como vísceras de los propios peces, pequeños moluscos, vinagre, aceite, vino o pimienta. Según las mezclas efectuadas se obtenían distintos tipos de salsa y distintas calidades, con lo que se conseguía llegar a una clientela muy amplia. Finalmente el producto resultante se envasaba en ánforas cerradas herméticamente con tapaderas de cerámica o tapones de corcho sobre los que se vertía cal. De esta manera quedaba listo para su transporte y distribución.

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“Pequeñas conserveras”

Por último no podemos dejar de hablar de las dos puertas monumentales que se ubican en ambos extremos del “decumanus máximus” , es decir al Este y al Oeste de la ciudad respectivamente. El “decumanus” ´sirve de separación entre esta parte “industrial” de la urbe del resto de la ciudad. La puerta del Oeste recibe el nombre de “puerta de Cádiz o de Gades”, ciudad a la que se llegaba bordeando la costa en esta dirección.

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“Puerta de Gades”

En el otro extremo nos encontramos con la denominada “Puerta de Carteya” en alusión a la ciudad romana de “Carteia” (actual San Roque, Cádiz), lugar donde se llegaba si se caminaba en dirección este.

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“Puerta de Carteya”

En el próximo post nos adentraremos en el corazón de la ciudad de Baelo. Espero que os haya gustado. #Arqueosaludos.